Esos pensamientos, esos pensamientos…-
Al incursionar en Salud Mental fui descubriendo el poder del pensamiento distorsionado, como se los suelen llamar a esos, los pensamientos que pueden convertir nuestro vivir, en una travesía llena de angustia, ansiedad y creencias irracionales.
Podemos creer que estos pensamientos nos son ajenos, pero es imposible negar su presencia.
En mayor o menor grado algunos de ellos son compañeros de ruta. Por esa razón se trabaja en la sicoeducación de los mismos, contribuyendo así a un mejor vivir.
Escribiré sobre los más comunes, por ejemplo la generalización excesiva, por el cual un hecho aislado pasa a ser considerado una pauta sin fin. Doy un caso concreto. Quien ha experimentado alguna vez un ataque de fobia en un ascensor, es posible que evite volver a utilizarlo creyendo se repita el hecho.
Otro caso es el sacar conclusiones precipitadas. Acá realizamos una interpretación negativa aunque no existan hechos que apoyen dicha conclusión.
En esta distorsión encontramos la lectura del pensamiento, tal el caso de que una persona no nos saluda, e interpreto está enojada conmigo, cuando en realidad no me vio. El pensamiento pulula en mi mente buscando causas del proceder y me persigue todo el día o trasciende el mismo.
Por otro lado encontramos al futurólogo, quien quizás al sonar el teléfono en horas nocturnas, cree será una mala noticia.
Etiquetar es un pensamiento muy común en nuestra sociedad, ya que si mi hijo trajo una mala nota es un burro y si mi marido no consigue trabajo es un inútil. Y si sos una rubia llamativa sos “gato”. Ja me hace gracia, la manera en que distorsionamos a diario.
Estos pensamientos y muchos mas de ellos, contribuyen a que el ser humano padezca, en algunos casos, días complicados y difíciles.
Recibimos a diario, los que andamos en la computadora, muchos pps. acerca de lo positivo, del dar, de la sonrisa. Vienen acompañados de bellas imágenes y hermosa música. Pero creo que en estos momentos son pocos los que transitan por la calle recordando esos mails.
Espero con esta vivencia contribuir a que os detengais a pensar si habeis recurrido en alguno de ellos, porque que los hay, los hay.
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